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En la vida hay ciertos momentos por los que no nos gustaría tener que pasar nunca.
Son esos momentos en los que sientes que no puedes hacer nada por aliviar el pesar de otra persona. Momentos en que palabras cargadas llegan vacías a su destino. Momentos en que no importa que llueva, nieve, o truene. Momentos en los que el tiempo se detiene. Momentos en que no hay buenos ni malos, no hay fuertes ni débiles, sólo hay personas. Momentos en los que llueve dolor en forma de lágrimas.
Son momentos que a nadie gustan, ni a unos ni a otros. Son momentos duros para todo aquel al que alcance la onda expansiva. Son momentos en que la respiración se detiene un instante, que parece una eternidad. Son momentos que no tenemos en cuenta hasta que aparecen, aunque hayan avisado de su llegada.
No son fáciles para nadie. Y no solemos pensar en ellos. Hasta que llegan.
El problema es que no sabemos exactamente cuándo, y, aunque lo supíesemos, la mayoría de las veces no podemos hacer nada por evitarlo. Y tarde o temprano llegan.
Y siempre, sin excepción alguna, son difíciles de sobrellevar.
Mi abuela me dijo una vez que cuando una persona muere,
se convierte en estrella, y se queda brillando en el cielo.
Hoy ha nacido una estrella.
Descanse en Paz.
