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No sé como empezar esta entrada… Hoy es un día tonto…
Últimamente me he dado cuenta de que hay algo peor que pensar. Porque “Pensar es Malo”, sí. Pero recordar es peor.
Me he puesto a recordar mis años de instituto. Mis amigos de clase, esos con los que compartía recreos y recreos. Y trabajos, y salas de cine, y videojuegos. Esos que hace dos años que no veo.
Supongo que salí del instituto de una forma tan radical que no me di cuenta. Es cierto, quería romper con la vida que llevaba, quería dejar atrás todo. Acababa de pasar por una experiencia horrible, y estaba muy ligada al instituto. Simplemente salí propulsado como una bala de un cañón.
Durante un tiempo te sientes bien de haberlo hecho. Hay cosas que no quieres tocar, mierda que no quieres remover (aunque sigue oliendo, y a veces hasta salpica y te cabreas). Pero hay otras cosas que echas de menos, y no sabes dónde están.
¿Dónde están? El “vaquilla”, el “cangrejo”, el “Ponchín”, el “Platano”, el “Cabezón”, el “Chuchi”. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos ahora todos y cada uno de nosotros? Seguro que si me estáis leyendo y reconocéis vuestros motes, os empezáis a reir.
Y un día… alguien se acuerda de ti. Dos años más tarde, alguien se acuerda de que eramos un grupo, y de que ahora no somos nada. Y te habla. Hey. Hola.
Tiene gracia. Esa noche soñé con vosotros, con que os volvía a ver. Y tenía que ser el primero que me habló hace ya cerca de ocho años cuando entré en el instituto siendo un moco que no conocía a nadie, el que me dijese “A ver si nos vemos, tengo ganas de que quedemos otra vez, todos juntos”.
Y de la ilusión que me hizo… Esta noche he vuelto a soñar. Con todos.
Yo también tengo ganas de veros, chicos. Nos vemos en julio. Hagamos otra barbacoa.
Recordemos juntos los viejos tiempos.

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