Sep 08
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Ante la duda…
Supongamos por un momento que tienes un examen tipo test de 20 preguntas con cuatro respuestas posibles, de las cuales para aprobar tienes que acertar 12. Supongamos en que dicho examen las preguntas erróneas no restan puntos (al contrario de como suelen ser normalmente este tipo de exámenes). Supongamos que te presentas al examen y no sabes la respuesta a muchas preguntas. La solución es… un dado.

El dado, gran aliado.
Un dado como este, de veinte caras. O de cuatro caras. O de seis y quitas dos. Como quieras, pero, un dado.
El procedimiento es simple: primero, se descartan las que tienes total seguridad de que no son correctas. Luego, divides el numero total de caras entre las posibles respuestas que queden, y asignas grupos de números a cada respuesta. Según el número, así respondes.
Al fin y al cabo, ibas a suspender igual. Lo mejor que puedes encontrar será un aprobado. De potra, pero un aprobado. Como las respuestas erróneas no restan puntos, que te equivoques señalando una respuesta a dedo o señlándola a dado viene a significar lo mismo: que el valor de las acertadas no varía.
No os penséis que he hecho todo el examen con un dado, no. He hecho los ejercicios que sí sabía hacer, he reflexionado el resto hasta dar con la respuesta, y, si veo que es completamente imposible que de mi cabeza salga algo inteligente, he usado el dado.
Es un poco extraño para el profesor de turno verte tirar un dado en la mesa, pero más de uno asegura que lo ha hecho en primera fila con el profesor delante suya, y ni se inmuta. En mi caso, he optado por ser más discreto, y rodarlo en mi mano y sacarlo del bolsillo cuando el profesor no miraba.
Viendolo desde un punto de vista realista, si suspendo, no es culpa del dado. Así que puestos a suspender, ¿Qué más da? Igual incluso apruebo.
La suerte está echada. Nunca mejor dicho.
