Memorias de un hamster [I]: Me llamo Spinky

Tras mucho (mucho) tiempo pensando en tener una mascota, discutir sobre por qué no podemos tener un perro, y cambiarnos en este asunto los papeles como les ocurre a Don Quijote y Sancho Panza al final de la obra (era muy raro ver como Hikari decía que no quería un perrito y yo que sí lo quería, creedme), finalmente encontramos la mejor solución: un hamster.

Teníamos hasta el nombre: Spinky. Había surgido de los muchísimos nombres que Hikari inventa que comiencen en S, y acaben en y (Spinky, Sparky, Sporky, Smufy, Skoly…). Hikari siempre ha querido un hamster, pero nunca nos decidimos a comprar uno. Incluso llegué a dibujar uno en la pizarra blanca de programar. El problema es que la pizarra blanca de programar es para ayudarme a programar, y un hamster en medio no me ayuda demasiado, por muy majo que fuese. Así que un día hubo que borrarlo, y claro, ya no tenía hamster. “Se ha ido de vacaciones”, le decía, “Volverá”. Al final ha vuelto más vivo que nunca.

Ayer, tras leer varias páginas web y foros sobre hamsters, y adelantando más de un mes la compra, decidimos ir a buscar uno a una tienda de animales que Hikari había visto en las páginas amarillas. Le dio buena impresión y allí fuimos.

Hikari: “Queríamos un hamster”
Dependiente: “¿Ruso o normal?”
Hikari: “Normal.”
Dependiente: “¿Cual queréis?”
Hikari: “¿Cuál te gusta más?”
Obi: “Ese marroncito, el que se escapa xD”.

El muy listillo empezó a huir de la mano del dependiente. Luego intentaba escaparse por todos los medios, hasta que el dependiente lo metió en su cajita provisional de transporte. Compramos la jaula, comida, y un par de cosas más, tampoco mucho, porque habíamos visto en una web de artículos para animales muchas cosas interesantes a muy buen precio.

Llegamos a casa y preparamos la jaula. Es un miedoso, tardó un buen rato en salir de la caja y meterse en la jaula. Luego lo investigó todo con mucho nerviosismo. Pobrecillo, estaba muy asustado.

Al rato parece que se relajó un poco y empezó a acostumbrarse a su nuevo hogar. Mordisqueó un poco la barrita de cereales sabor miel, probó la comida que le pusimos, se asustó muchísimo con el bebedero de agua, declaró que la casita “iglú” que tiene es su cuarto de baño… pero sin lugar a dudas, adora su rueda. Se pasó horas y horas corriendo en la rueda. Es muy divertido cuando pones un dedo y detienes la rueda. Saca la cabeza como diciendo “¿Ein? Esto rodaba, ¿Por qué ya no? Se os ha estropeado, creo que es un timo…”, se baja de la rueda, le da una vuelta a la jaula, y… vuelve a ella. Correr, correr, correr, correr. Otra cosa no: correr.

Esta noche ha dormido en una mesita en nuestra habitación, porque pensamos que en el salón hace bastante más frío que aquí. Cuando me he levantado esta mañana he descubierto que había desencajado la casita de su sitio, había conseguido desencajar la rueda (no está muy firme y como corra demasiado la tira), y había acumulado todo el serrín que había encontrado en la esquina del bebedero, y se había construido una cómoda cama donde dormir. Qué gracioso es.

Lo mejor de todo es la cara de ilusión de Hikari. Ayer se pasó entre nerviosa y emocionada todo el día. Y luego no paraba de mirar como se comportaba su nueva mascota.

Mientras escribo esta entrada le oigo moverse. ¿Qué estará haciendo ahora? No deja de sorprenderme…

6 Responses to "Memorias de un hamster [I]: Me llamo Spinky"

Leave a Comment