Llega un momento en la vida de todos (o casi todos) los hamsters en los que ocurre un hecho que marca un antes y un después. Al menos en la vida de aquellos hamsters cuyo dueño o dueños sean amantes de los animales y les guste mucho tener mascotas.

Y ese hecho es… que se encuentran con otro hamster en la casa.

Cosa de un mes después que Spinky, llegó a casa Bolita, un hamster ruso gris, más pequeña que Spinky por su raza, a quien Spinky en principio recibe con cara de “mierda, ya no soy hija única”. Y ya se sabe lo que pasa cuando un hijo deja de ser hijo único en la casa: que se pone celoso.

Spinky es una celosa de cuidado, y cada vez que sacamos a Bolita de su jaula para jugar un poco con ella, empieza a llamar la atención desde su duplex. Porque tiene un duplex montado con dos jaulas que ríete tú del palacio de Buckingham.

Lo más curioso del tema fue que un día las pusimos frente a frente, una de ellas en su jaula (Bolita) y la otra en nuestras manos. Empezaron a olerse mutuamente… y en esto que Bolita empezó a bufarle a Spinky, y esta trató de huir como pudo. Y eso que es tres veces más grande que Bolita.

¡Ay que ver, con lo mansa y buena que es nuestra Bolita, y el miedo que le tiene Spinky!

De Spinky se pueden decir muchas cosas. Que es suave, marroncita, blandita, comilona, muy loca, mordedora de barrotes, rápida… Pero si hay algo que la caracteriza es su especial interés en escaparse.

Supongo que es algo normal de todos los roedores que viven en una jaula, claro. Pero estoy seguro de que no muchos consiguen su objetivo. Spinky un día lo consiguió.

Y mira que lo tiene difícil. Los barrotes lleva mordiéndolos meses, y lo más que ha conseguido ha sido quitar la pintura. Las puertas no es capaz de abrirlas. Y los tubos, con lo que cuesta encajarlos, es imposible que sea capaz de desencajarlos. Excepto uno: el tubo que cierra la jaula.

Para ponernos en situación, explicaré cómo es la jaula. La jaula de Spinky consta de dos jaulas iguales unidas por tubos, una encima de una mesita y la otra en el suelo. Cada una tiene su puerta central y dos agujeros, uno en cada lado, en los que encajan perfectamente los tubos, además de un tercer agujero en el techo, también para tubos. La jaula superior tiene estos tres agujeros desempeñando la acción para la que fueron diseñados: sujetar el circuito de tubos. Hay un tubo que va desde el suelo de la jaula hasta el piso superior, usando dos agujeros de la jaula. Del tercer agujero sale un tubo hasta la jaula inferior.

En la jaula inferior, sólo se usa un agujero, el del techo, que es por donde Spinky llega a la jaula inferior, concretamente al segundo piso de la jaula. Los otros dos agujeros están taponados con cierres especiales para tubos.

Los tubos se encajan unos en otros con unas arandelas de plástico nada flexibles, y muy difíciles de colocar. El cierre especial también va encajado en una de estas arandelas, que a su vez, encaja perfectamente en el agujero de la jaula. Aquí es dónde entra en juego Spinky. Una parte de la arandela, lógicamente, está dentro de la jaula, sobresaliendo del agujero. Y otra de las cosas que se puede decir de Spinky, es que es muy lista.

Se pasó días mordiendo todo el borde sobrante de arandela, hasta que llegó un punto en que dejó de sujetar el cierre. Este cierre cayó al suelo, dejando el agujero abierto. Ya tiene un hueco por donde escaparse.

Esto ocurrió por la noche, no sabemos a qué hora. Cuando me levanté para ir al baño a prepararme para irme a clase, me encontré a Spinky en el cuarto de baño, no me preguntéis qué hacía allí. Aitzi se llevó un susto enorme cuando me oyó pronunciar su nombre en el baño.

Esta pequeña escapista, que sustos nos da de vez en cuando…

Tras mucho (mucho) tiempo pensando en tener una mascota, discutir sobre por qué no podemos tener un perro, y cambiarnos en este asunto los papeles como les ocurre a Don Quijote y Sancho Panza al final de la obra (era muy raro ver como Hikari decía que no quería un perrito y yo que sí lo quería, creedme), finalmente encontramos la mejor solución: un hamster.

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