
24 de mayo de 2008, 21.00 de la noche. Belgrado se viste de gala para recibir a 25 grupos que representan a 25 países de Europa, los 25 que han llegado a la final. Entre ellos, en el puesto 22, Rodolfo Chikilicuatre. Para el asombro de muchos, queda en el puesto 16 con 55 puntos.
España demuestra que si el concurso es un chiste, nosotros nos reimos de él enviando a un… Friki.
Un friki. Espera, quiero oírlo de nuevo. ¿Chikilicuatre, un friki?
No. Eso no. Creo que seguimos sin entender el mensaje, España sigue sin entender lo que es un friki. Y ahora ya hemos perdido toda oportunidad de que lo entiendan.
Me duele la boca de explicarselo a la gente. A mi madre se lo he explicado un par de veces, y creo que ya lo pilla. Pero entre este señor, la ‘friki’ que fue a Gran Hermano hace unos años, y lo que tergiversa la televisión, está claro que nunca se llegará a saber a ciencia cierta en España qué es un Friki.
Si nos paramos a pensar, nos estamos convirtiendo en algo que odiábamos y detestábamos a más no poder. Ser friki hoy en día es una moda. Lo friki está de moda.
Curiosa tendencia, teniendo en cuenta que los frikis huyen de las modas.
Tenemos día del Orgullo Friki que todo el mundo acepta como diciendo “sí, pobrecitos, anda”. Nos lo dan por válido como por pena, solo somos esos chiflados de las series manga y dibujitos chinos -japoneses, señora-, de los comics, y de los ordenadores.
Y ahora nos representa en Eurovisión un Friki. Tócate… los cojones.
Yo no quiero tener un día del Orgullo Friki. No quiero que este señor represente, ya no a España, si no a los Frikis. Por que no lo es. No quiero que la gente lo entienda, ya no, ya me da igual. Hace unos años la gente no nos entendía, no teníamos día del orgullo friki, nos gustaban los comics, nos gustaba el cine, nos gustaba el manga y el anime, lo comentabamos entre nosotros, y lo pasabamos bomba. No queríamos dominar el mundo, ni ser más friki que otra persona. Nos gustaba coleccionar y disfrutar un comic que nos costaba 7 euros para leerlo en media hora. Nos gustaba comentarlo con los amigos.
Nos gustaba ir al cine tres veces a ver la misma película solo porque nos había gustado. O cuatro. Y no ibamos disfrazados ni leches.
No necesitabamos ser “alguien” en el mundo, no necesitabamos ser importantes. Eramos humildes, eramos gente muy tranquila. Gente normal, con aficiones muy marcadas, y todos tenemos aficiones muy marcadas. Todo el mundo.
Ahora es una moda. La moda de los raritos. Porque así nos siguen viendo, como raritos. No señora, no, rarito no. A usted le chifla hacer jerseys de punto, y no la llamo rarita por no compartir gustos. Ahora ser friki es una moda, en gran parte, influída por nuestros amados Estados Unidos de América. ¿De donde si no la costumbre de ir disfrazado al cine? Una cosa es ser friki, otra cosa es pintarse una diana en la nuca. Eso sin contar con que ir con un disfraz de ObiWan al cine debe ser bastante incómodo y caluroso. Además, ¿Donde te metes el sable laser toda la peli?
Si ser friki es una moda, si es que nos represente este señor, si es que nos sigan mirando con cara rara, yo casi que prefiero no ser friki. Seguir siendo lo que soy y como soy, aficionado al manga, al anime, a Star Wars, a los comics Marvel, a los ordenadores, a los videojuegos.
Quiero ser todo esto, porque es lo que soy. Pero, para que me comparen con Chikilicuatre, no quiero ser friki. Al menos, no quiero ser lo que el mundo llama friki.