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Hoy hemos subido a Sierra Nevada. Tantos días viéndola desde la lejanía de mi facultad… y hoy hemos subido. La experiencia ha sido realmente gratificante, aunque demasiado corta para mi gusto.
Nos hemos subido a las 2 de la tarde en coche, tan pronto como nos lo ha permitido la cola-de-20-minutos-de-Severo-Ochoa. Lentitud. Lentitud, lentitud, y reggeton en el coche de atrás. Y una moto que no puede guardar cola, pero si romper algún que otro retrovisor. Pero luego el camino ha sido fluido. Con muchas curvas de estas que miras hacia abajo en el acantilado que la acompaña y dices “Uy, uy, uy, que mal rollito…”
Pero finalmente llegas y dices “Hostias, nieve…” Y en una de las dos cosas tienes razón: En las hostias. Porque no es nieve, es mas bien hielo la primera parte de la subida por la montaña. Y te resbalas. Y te la pegas. Y si no te resbalas tú, se resbala alguien que va contigo. Tú que vas detrás intentas agarrarle, para que no se haga daño. Eso es un mito: no puedes agarrar a alguien que se cae porque se resbala en el hielo, te caes con él y probablemente te haces más daño que él. Me ha ocurrido hoy con Hikari.
Pero luego ya sí ves nieve. Y un muñeco de nieve en medio del camino. Y una atracción llamada “El Trineo Ruso”, que molaba bastante (sí, repetí).
Igual para la próxima me animo y pillo un curso de esquí… claro, si el bolsillo me lo permite. Lo que sí sé es que voy a volver muy pronto. A ver si dentro de un par de semanas puedo. ¿Alguien se apunta?


