Escritorio

Y he aquí el escritorio.

Me lo he traido para Wordpress, que me gusta mucho más para escribir, jeje.

Tengo planeado seguir muy pronto con la historia, que ya tiene nombre. Sí, finalmente se llamará “Two Souls”. Y muy muy pronto empezaré a publicar la “segunda temporada”, por así decirlo, que da comienzo en el capítulo 20 de la historia.

Gracias por seguir atentos ;) ¡Nos vemos pronto!

TWO SOULS

Índice de capítulos

Primera temporada

Prólogo

10: Sombras del pasado

1: El despertar

11: Buenas y malas noticias

2: Caos

12: El entrenamiento

3: La voz

13: Fuego en la oscura cueva

4: La espada sabia

14: Un mal presentimiento

5: Soledad

15: Paseo por Arkania

6: Sueños

16: Malos recuerdos

7: Lago verde

17: Discusión de hombre a espada

8: Reencuentro

18: Amor en la oscuridad

9: Golpes en la oscuridad

19: Desaparecido en combate


Prólogo

En el espeso bosque de la ladera de la montaña, no hay paz esta noche. Una sombra corre a través de él, triste bestia herida. Está furioso, rabioso, loco, no sabe, no piensa. Solo corre. Corre y corre. Sin mirar atrás. Se tapa la herida con el brazo. Corre.
De entre su locura, lágrimas se escapan de sus ojos, no aguantan la furia que contiene ese ser en su interior. Avanza. Raudo como el viento. Destroza ramas si se le cruzan en el camino. Salta huecos y obstáculos. Sigue subiendo por la ladera. No sabe por qué, pero corre.
Sabe que le persiguen. Están detrás. Ahí es donde deben estar, ¡pero ahí es donde han de quedarse, no seguirlo! Corre… no quiere oír a nadie… que nadie le alcance… que nadie le coja… quiere estar solo… Herido, pero solo…
Sale del bosque. Ya no hay árboles, solo piedras. Piedras y rocas. Tan oscuras y frías como esta noche. Aun sin ver nada, sin notar las rocas bajo sus pies, jadeando, y con la lengua fuera, sigue corriendo. No se detiene.
Algunos le siguen con antorchas. Otros con flechas. Pocos con vendas. O al menos eso cree. Pero no le apetece comprobarlo. Sigue avanzando. No sabe a dónde. No sabe cuánto tiempo. Pero sigue avanzando.
Entonces… llega a la cima. No hay más camino. Su furia crece. Y no la puede contener. Desde allí arriba se ve todo… casas, ciudades, mares, bosques, lagos, desiertos… toda la región.
Siente una energía inmensa en su interior, concentrándose en su pecho. No aguanta más. Ha de salir. Y sale. Explota. Y toda la región, todo lo que hay a su alrededor, revienta junto a él.
Solo oscuridad queda después de la explosión.

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Capítulo 1: El despertar

Imágenes difusas. Recuerdos de algo que fue. Dolor.
De súbito se despierta. Un sueño. Las imágenes difusas van desapareciendo de su mente. El dolor persiste. No se va. No recuerda nada. Pero le duele.
Oscuridad. Frío. Silencio. No ve nada. No oye nada. Solo sabe que yace sobre un suelo rocoso. Pero no hay nada a su alrededor. Nada.
Dolorido, intenta mirar a su alrededor. De pronto se marea. Ya no sabe si está tumbado, sentado, mirando hacia arriba o hacia abajo. Se deja caer. Así está mejor.
Imágenes vienen a su mente. Recuerdos. Y el dolor le llena de nuevo. Está intranquilo, nada le calma. Y llora. Para sí mismo, llora. Desconsoladamente…
Necesita alguien que le coja, le abrace, y le calme. Pero está solo en aquel frío silencio sepulcral, donde la oscuridad se extiende como la mala hierba en un jardín mal cuidado.
O eso cree. De repente, en su mente se oyen voces. No sabe si son también recuerdos. Oye una, dos, tres. Se asombra, de repente oye muchas voces. Algunas más fuerte. Otras más débiles. Otras solo se oyen una vez, y no se vuelven a oír. Algunas le parecen familiares, otras no tanto.
Se decide, ha de probar.
- ¿Hola?
La respuesta es inmediata.
- Hola. - Una voz cálida, tranquilizadora, crece sobre las demás. - ¿Qué tal estás?
No sabe responder. No sabe siquiera si sigue existiendo, ¿Cómo saber como está?
- ¿”No lo se” es una respuesta válida?
- Era de esperar.
- ¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?
- Tranquilo. Comprendo tu dolor.
Le sigue doliendo mucho todo. Aunque no sabe a ciencia cierta que es “todo”.
- Cierra los ojos… relájate… cálmate… vamos, ya no estás solo. Nos tienes a nosotros.
- ¿Y quiénes sois vosotros?
- Siempre hemos estado aquí. Desde antes de la explosión, apoyándote, ayudándote. Porque en alguna ocasión tú nos has ayudado.
- No recuerdo absolutamente nada… ¿Qué me ha pasado? No siento mi cuerpo.
- Eso lo solucionaremos enseguida… Ahora hazme caso… Cálmate, libera tu mente, e intenta incorporarte.
Se levanta, aturdido, pero no pierde el equilibrio. Parece como si le hubiesen enseñado a andar de nuevo.
- Ahora… sígueme. - La voz se va alejando poco a poco, y la sigue. No sabe qué o quién es, pero su compañía es mucho más agradable que la fría y oscura soledad.
No siente sus pies. Que extraño se siente. Como flotando. Pero eso no le detiene, continúa.
Pronto ve una luz a lo lejos. Una luz triste y apagada, pero una luz. No oye a la voz, pero sabe que ha de ir a la luz. Se acerca. Y sale.
- Pero… ¡¿Qué ha pasado aquí?!

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Capítulo 2: Caos

No se lo puede creer. No da crédito a lo que ven sus ojos. Un mundo devastado, tierra muerta, árboles sin hojas que caen por su propio peso y se astillan contra el suelo. Aire viciado, caliente, casi no se podía respirar. El aire se movía lentamente, de vez en cuando con alguna que otra ráfaga fuerte de viento, haciendo ondear el humo procedente de fuegos casi apagados. El cielo, teñido de un rojo anaranjado, era reflejo de la desolación del mundo que tenía bajo él.
Mira a su alrededor. Detrás suya, la cueva de donde salió, en una montaña enorme de rocas y escombros. Delante, bajando la montaña, y entre un bosque de árboles ennegrecidos y destrozados, cuerpos. Gente. Todos muertos.
- Pero… ¿Qué es esto? - No se lo podía creer.
- Es tu mundo. Bueno, lo que queda de él.
- ¿Cómo que mi mundo?
- … No recuerdas nada…
- ¿Te ayudó alguien a deducirlo?
- Tranquilo. Pronto irás recordando.
De repente, se mira. Y descubre por qué no sentía su cuerpo.
- ¡Eh! ¡No tengo cuerpo!
Realmente, no tiene forma física. Podría describirse como una bola de luz flotando en el aire. No hay más que eso.
- No… No tienes. Arreglemos esto. ¿Ves los cadáveres?
- Si… claro que los veo… no hay otra cosa…
- Encuentra el tuyo.
- Ah, pero, ¿También estoy ahí?
- Seguramente. O quizá aun estés dentro de la cueva. Pero yo casi que juraría que estabas por ahí, abajo de la montaña, antes de los árboles. Te ayudaré a encontrarte. Sígueme.
- ¡Si no te veo!
- Pero antes me seguiste a través de la cueva. - Seguía diciendo mientras se alejaba.
- ¡Otra vez no…!
La sigue. No sabe exactamente a donde, pero la sigue. La vuelve a oír, tan fuerte que podría decirse que estaba justo delante suya.
- Aquí están los cuerpos. Yo no seré capaz de reconocerte. Así que, búscate. Te aseguro que cuando te veas, sabrás que eres tú.
- Si tú lo dices…
Comienza a buscarlo. Hay de todo. Altos, bajos, gordos, delgados, feos, guapos…
- Dios mío… que… horror…
Durante un rato, lo busca. Pero nadie le recuerda nada. Nadie que le haga recordar ni siquiera su nombre.
De pronto, uno de los cuerpos, un poco más apartado, le inspira curiosidad, y va hacia él. Al mirarlo, un nombre resuena en su mente.
- …O…b…i…J…u…a…n…
- ¿Qué?
Entonces una imagen muy clara le viene a la mente. Una explosión que hace que todo salga por los aires. Un ser encima de la montaña liberando su ira provoca el caos, y lo destruye todo.
Miedo. Dolor. Dos sensaciones que de súbito le invaden.
- Parece que lo has encontrado. Ahora… une tu alma a tu cuerpo… vuelve en ti…
Durante un instante, perdió el conocimiento. A los pocos segundos abrió los ojos. Se incorpora.
- Uhn… me siento aturdido.
- Normal… ¿Recuerdas algo?
- Si… recuerdo una explosión… y…
- ¿…y tu nombre? ¿Lo recordaste?
- Por supuesto. Soy ObiJuan. ¿Quién lo pregunta?

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Capítulo 3: La voz

La voz calla un momento. Luego, responde:
- Aún es pronto para responder eso. Deberás descubrirlo tú mismo.
- “Deberás descubrirlo tú mismo…” ¿Y cómo quieres que descubra algo si no se tan siquiera donde estoy?
- Comprendo como te sientes. Pero no es momento de llantos.
- ¿Y quién está llorando?
- ObiJuan, este era tu mundo. Antes era un lugar alegre, habitado por bondad y simpatía, un apacible espacio donde disfrutar de la tranquilidad que inspiraban los árboles, los pájaros, los montes, los ríos… era un lugar maravilloso.
- Si un día lo fue, yo no lo recuerdo.
- Ahora no, porque sigues dolido. El dolor te invade, lo sé. Pero has de soportarlo. Tu misión no es fácil, y mucho menos si te rindes antes de empezar.
- ¿Misión? ¿Qué misión?
- Estas tierras devastadas eran tu mundo, como ya te he dicho… debes hacer que vuelvan a ser lo que fueron. Debes devolverle a esta tierra el color verde hierba, el azul del cielo, el aire puro para que la vida pueda volver a crecer.
- Claro, hombre, si esto con un par de clavos… Mira, yo me vuelvo a la cueva, esto debe ser una pesadilla de la que estoy a punto de despertar… - Se gira y se dirige a la cueva.
- No, ObiJuan, escúchame. Tú has provocado esto, y solo tú puedes arreglarlo.
Se para en seco. No puede creer lo que acaba de oír. Se vuelve a girar.
- ¿Yo he hecho qué?
- Tú eres el causante de todo esto.
Silencio. Durante unos instantes, el viento y el crepitar de algún tronco consumido en llamas es lo único que puede oírse.
- No hablas en serio… ¿Verdad?
Más silencio. ObiJuan no puede creerse nada de lo que está oyendo.
- Esto si que era lo que me faltaba por oír hoy. O sea, vamos a ver, ¿me he cargado todo esto yo solito? ¡Me parece que me acordaría!
- Lo entenderás todo más tarde… yo no soy quién para explicarte nada.
- ¡Bien! ¡Fabuloso! ¡Ahórrate las explicaciones, ya me las dará aquel muerto de allí! ¡Si es que se levanta, claro! ¡Porque yo soy fantástico! Primero me cargo el mundo y luego lo revivo, ¡Hala! ¡En dos minutos! ¡Con un par! ¿Te has creído que soy un Dios, o algo así?
- Es imposible razonar contigo… En fin, no puedes perder más tiempo. Escúchame. Entra en la cueva, dentro encontrarás algo indispensable para tu viaje. Luego ve al norte, siempre adelante según sales de la cueva. Hallarás más respuestas entonces. Yo no puedo ayudarte más. Volveremos a encontrarnos… seguro…
- ¡Y ahora me dejas solo! ¡Venga, vete al norte! ¿Y a dónde he de llegar?
Silencio. La voz ha callado.
- ¿Eh?
No hay respuesta. ObiJuan se enfurece aún más.
- ¡Eh!
Tira una piedra lo más lejos que puede, intentando calmarse.
- Maldita sea… ¿Y ahora qué hago? … Supongo que lo único que puedo hacer es hacerle caso, de aquí no voy a sacar nada…
Y vuelve a la cueva, a recoger lo que quiera que sea que le será tan útil en su aventura. Aventura que no ha hecho más que empezar en este preciso instante.

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Capítulo 4: La espada sabia

La cueva seguía siendo oscura y fría, sin cambios. Al mirar su cuerpo, descubre que no está precisamente bien vestido: sus ropas estas rasgadas, su piel blanca y helada.
- Cualquiera diría que soy un zombie…
Siguió adelante unos pasos más, hasta darse cuenta de que era inútil. Todo estaba oscuro, ¿Donde había que ir?
Se volvió y se dirigió a la salida.
- Eh, espera. - Una voz sonó detrás suya. - ¿Piensas irte solo?
Miró hacia atrás y fue capaz de ver un brillo en medio de la espesa oscuridad.
- Anda… ¿Y esto?
Se dirigió allí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo comprobar que era una espada.
- ¿Vas a quedarte ahí pasmado todo el día, o te decides a cogerme?
- ¿Qué?
- ¡Que me cojas, tío!
Aún sin dar crédito a lo que oía, agarró la espada por el mango y la sacó de su pedestal.
En ese momento, un gran poder, un rayo de energía salió de la hoja hacia el hueco de donde había salido, encendiendo un par de antorchas que iluminaron toda la cueva. Entonces pudo ver que el interior era una especie de cúpula de piedras mal colocadas, como si algún tipo de energía hubiera estado reteniendo su caída.
- Chico, más vale que salgamos de aquí…
Miró con más detenimiento la espada y pudo observar algo parecido a unos ojos en la empuñadura. Su asombro crecía por momentos.
- ¿Estas tonto o algo? Te estoy diciendo que esto se cae, ¡tú verás!
Entonces un gran estruendo recorrió la cueva. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la salida y se resguardó tras unos troncos, ya fuera de la cueva. Justo después, la montaña de escombros cayó por su propio peso, cerrando la cueva y bajando un poco su altura.
- Como no espabiles, no vas a llegar ni a la ciudad…
- Bueno, ¿y tu quién eres?
- Tu fiel compañero de viaje: Ralph, la espada sabia.
- Ya. Sabia.
- Pues si señor, sabia. Y mágica, también.
- Y creída, también.
- Mira quién fue a hablar. Por cierto, vaya unas pintas llevas…
- Son la ultima moda, no te jode…
- Anda, vamos a arreglar eso.
En un abrir y cerrar de ojos, la espada suelta otro rayo sobre ObiJuan. Sus ropajes, roídos y destrozados, parecen recién sacados del telar, y su cuerpo, blanco como la cal, recuperó su tono anaranjado normal. Además, una funda apareció en su cinturón, bastante adornada, con el nombre de Ralph escrito en la boca.
- ¿Qué has hecho?
- Te lo he dicho: que también soy mágica.
- Bueno, pues gracias.
- ¡Vaya! Ahora vas a resultar un buen tipo y todo.
- No te acostumbres… Bueno, ¿Nos movemos?
- Si, hemos de ir al norte. Algo nos llama allí. Nos necesitan. Puedo sentirlo.
- Que pronto te has atribuido el papel de héroe, ¿No?
- Chaval, sin mi no llegas ni al Lago Verde… No recuerdas absolutamente nada de lo que pasó. Y yo no soy quién para contártelo. Pero te ayudaré a descubrirlo.
- Ya estamos…
- Anda, vámonos, que se nos hace tarde.
Dicho esto, enfundó la espada, y se puso a andar hacia donde Ralph le indicaba entre comentarios irónicos y sarcásticos. Tal para cual, sin duda.

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Capítulo 5: Soledad

Llevaban andando un par de horas. Por el camino habían encontrado un conejo, muerto por la explosión pero aun comestible, y lo habían guardado para la cena, que no tardaría mucho en llegar.
En efecto, tras andar un poco más, Ralph comentó que estaba anocheciendo y que era hora de buscar un lugar donde cobijarse de la fría noche.
Encontraron una pequeña cueva en una roca. No era tan grande como la primera cueva, pero era suficiente para protegerles de una posible lluvia y del frío. A pesar de ser algo oscura, era agradable, cálida. Completamente distinta a la cueva de la montaña de donde salieron.
Buscaron algunos troncos y ObiJuan encendió un fuego. Tras colocar el conejo al fuego, se sentó junto a Ralph y comenzaron a charlar, muy serenos.
- Ralph…
- Dime.
- Todavía no alcanzo a comprender cuál es mi misión.
- Tu misión es que todo lo que en un tiempo existió, y ahora no, vuelva a nacer.
- Pero eso es de locos… No soy un Dios, ni nada parecido.
- Tú tranquilo, encontraremos la manera.
- Me atormenta la idea de pensar que todo esto es por mi culpa.
- En el pasado eras un ser poderoso. Pero dolido. No eras malvado, pero estabas herido profundamente. Eso te cegó, e hizo que destruyeras el mundo. Yo pude verlo todo. Pero no se nos está permitido contártelo, y debes comprendernos. La idea de volver a verte enfurecido, y que todo esto vuelva a pasar… No, no nos es posible. Por eso debes entenderlo tu mismo, porque cuando lo entiendas, no te alterarás.
- Entiendo. Habrá que buscar respuestas.
- Si. Poco a poco irás encontrando lo que ansías saber.
- Pero… ¿Acaso sigo siendo ese ser poderoso?
- Si no lo eres, ¿Por qué sigues vivo?
- …Pues no lo sé…
- Chico…
- ¿Sí?…
- …Se te está quemando.
- … ¿Qué?
En ese momento, ObiJuan miró al conejo, que, efectivamente, se estaba quemando. Lo retiró rápidamente y comenzó a comer. Mientras lo hacía, Ralph siguió hablando.
- Por lo pronto, hemos de ir al norte. Según parece, aún quedan allí restos de vegetales vivos. Nuestra única esperanza es extenderlos por la Tierra… Lo que realmente no sé es cómo lo vamos a hacer… Ya se nos ocurrirá algo. Una vez que el verde lo cubra todo, los animales podrán volver a vivir.
- ¿Y cómo sabemos que sigue habiendo animales?
- Siempre hay. Aunque destruyeras el mundo, aún quedan plantas, animales, incluso humanos vivos. Hay al menos una pareja de cada especie. Se guardan en lugares muy remotos, y están dormidas, sin actividad vital. Por ello hay que encontrarlas y despertarlas. Y, si somos optimistas, también podemos pensar que no todo ha muerto bajo tu explosión, y que quedan aún supervivientes a la catástrofe.
- … ¿Y si no quedan? ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que vuelva a encontrar humanos?
- No lo sé, chico… pero debes ser fuerte.
- Me siento solo… muy solo… y así, no se si podré con esto, no se siquiera si puedo ser fuerte.
- Chaval, no estas solo… me tienes a mí.
- Gracias, pero… sabes que no es lo que me refiero.
- Lo sé. Lo sé mejor que tú. Pero no te lo puedo revelar todavía.
- ¿Mi sensación de soledad también tiene un motivo?
- Oh, por supuesto. Todo en la vida tiene un por qué. Hazme caso. No te dejes caer, confía en que encontraremos humanos pronto. Algo me dice que sí hay supervivientes. Estoy seguro de ello. Pero no decaigas, eso sería el final para nosotros, y para ellos de poder llevar una vida normal de nuevo.
- …Está bien. Lo intentaré. - Dicho esto, terminó de comer.
- Intenta descansar un poco. Mañana será un día duro. Probablemente lleguemos al Lago Verde. Allí debemos encontrar las plantas dormidas.
- De acuerdo.
- No estas solo, créeme.
- … Si tu lo dices…
- Venga, a dormir.
Dicho esto, apagó el fuego y se resguardó dentro de la cueva, donde se quedó dormido después de un buen rato haciéndose mil preguntas.

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Capítulo 6: Sueños

Un brazo cálido y delicado le abraza desde la espalda, agarrándose suavemente a su vientre.
Se despierta. Ya no está en la cueva. Está en una cama bastante cómoda, con una almohada blandita y una manta que le da calor.
Y no está solo.
Los brazos que le rodean pertenecen a una chica, de pelo largo y moreno, delgada, que pega su cuerpo desnudo a su espalda y le abraza mientras duerme.
Sin embargo, no sabe quién es.
Está tan a gusto que no quiere darse la vuelta. No. Ahora no.
Ya no hay preguntas que hacerse. No hay más dudas en el aire. No más enigmas sin resolver. Ahora no. Ahora es feliz.
Después del duro día que ha tenido, es feliz. No quiere nada. Piensa que se lo merece, y lo aprovecha.
Es feliz.
Largo rato se pasa así… pensando… “Solo ha sido un sueño”, piensa… “Ni destrucción, ni espadas, ni voces. Solo ha sido un mal sueño, y ya he despertado…”
Coge uno de los brazos de la chica. Ella se aprieta más contra él.
Aliviado, suspira. Entonces es cuando aparece una duda. “¿Por qué si todo ha sido un sueño, no soy capaz de recordar su cara? ¿Y su nombre?”
Extrañado, abre los ojos y se da la vuelta.
Entonces ve el mayor horror que hayan visto sus ojos.
Al volverse, ya no hay chica. Ya no hay manta, ni almohada ni cama.
Solo muerte y destrucción.
De nuevo es capaz de ver con claridad la bestia, sobre la montaña, explotando, y provocando la mayor devastación que jamás ha contemplado en el mundo. Destrucción. Fuego. Muerte. Todo vuelve. El sueño se convierte en pesadilla.
Cae al suelo de rodillas. Grita. Está aterrado.
Despierta.
Abre los ojos y se encuentra en la cueva, sudando. A su lado Ralph, que le mira inquieto. Echa un vistazo rápido. La hoguera apagada, la cueva tan fría como siempre, no hay manta, y está durmiendo en el suelo. Por un momento, parece alegrarse. Luego se da cuenta de la cruda realidad, y de que la pesadilla de su sueño es el preludio del mundo en el que habita.
- ¿Estás bien chico?
- He… tenido una pesadilla horrible…
- A juzgar por tu aspecto, no hace falta ser muy listo para averiguarlo.
Se deja caer suavemente sobre la dura roca.
- He visto una chica. No se quién es. Ni recuerdo su cara. Al mirarla todo se tornó en caos.
- Acabarás entendiéndolo. Tarde o temprano, lo sabrás. ¿Necesitas dormir más?
- No… no estoy cansado… y no podría volver a dormirme…
- Entonces es la hora para seguir caminando. Aún nos queda mucho camino. Supongo que antes de caer la noche habremos llegado.
- Bien… pues vamos allá.
Se levanta y recoge sus cosas. Al salir de la cueva ve a lo lejos la montaña de donde partieron, con finas columnas de humo a su alrededor. Aún es de noche, pero pronto amanecerá.
- Si estás listo, nos vamos.
- Sí… Sí, lo estoy. Vamos.
ObiJuan se giró hacia el norte y continuó andando con Ralph atado a su cintura.

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Capítulo 7: Lago Verde

No llevaban mucho rato andando cuando empezó a salir el sol.
La mañana que se les presentaba no era muy distinta de la tarde del día anterior. El cielo seguía siendo anaranjado, y el viento corría con aire caliente y seco, pero muy débil.
Avanzaban a paso ligero. No hablaban. Mientras Ralph meditaba, ObiJuan pensaba acerca del sueño que había tenido la noche anterior. ¿Quién era esa chica que al mirarla todo se tornó destrucción? ¿Qué relación podría tener con el mundo actual?
Entonces un fuerte olor llega a su nariz, y se extraña.
- Huele a… ¿podrido?
- ¿Hmm? Según mis cálculos debemos estar llegando a Lago Verde, pero no recuerdo que oliera a podrido por aquí…
Tras una enorme loma, encontraron un gran lago protegido por altos y escarpados acantilados. El lago era de color verde, y no tenía aspecto saludable. Los acantilados estaban cubiertos de plantas muertas, que caían desde arriba.
- Vaya… pues sí, ya hemos llegado a Lago Verde… debí suponerlo. Vamos, hay que bajar al lago.
Bajaron la loma y se acercaron a la orilla del lago. Desde ahí podía verse un camino que bordeaba el lago y llegaba hasta una gruta justo en el centro del acantilado.
- Es ahí, debemos entrar.
Rodearon el enorme lago hasta la entrada de la gruta y entraron en ella. Tras un largo y angosto pasillo, llegaron a una sala débilmente iluminada con luces azules.
En el centro de la sala había una vitrina rota.
- ¿Pero qué…? - Dijo Ralph al ver la vitrina.
- ¿Qué ocurre Ralph?
- Las plantas vivas… se guardaban en esta vitrina.
- ¿Bromeas?
- ¿A ti te lo parece?
Durante un momento eterno, se quedaron contemplando la vitrina. Entonces una voz familiar retumbó dentro de la habitación.
- Lo que buscáis no está aquí.
Ralph se adelantó.
- Déjame a mi, chico… Levántame.
- Está bien.
ObiJuan alzó a Ralph por encima de su cabeza.
- Y si puede saberse, ¿Qué ha pasado?
- Este no era lugar seguro para ellas. Han sido llevadas a Ciudad Arkania.
- ¿Arkania? Arkania estaba tras la montaña de la que provenimos, y estoy seguro de que ha quedado desolada tras la explosión.
- Arkania ha resistido. Por ello han sido llevadas las plantas allí. Alguien no quiere que el mundo vuelva a renacer, y está haciendo todo lo que puede por evitarlo. Por ello, todos los seres vivientes están siendo llevados a Arkania.
- ¿Todos?
- Todos. Debéis ir allí y expandir la vida por el mundo, antes que llegue lo que quiera que sea que intenta evitarlo. Desde aquí yo solo puedo ofreceros mi ayuda despertando al Dios del Viento y a la Diosa de la Fertilidad. Ambos reposan en este santuario.
- Entonces hemos de ir a Arkania.
- Debéis daros prisa. Me encargaré de que ambos Dioses no despierten antes de vuestra llegada allí, para no levantar sospechas. Nuestro enemigo no ha descubierto Arkania, ya que piensa que está destruida también.
- Partimos enseguida.
- Mañana al alba haré despertar al viento y a la fertilidad. No os demoréis.
- De acuerdo. Vamos pues, ObiJuan.
- ¡Esperad! - La voz volvió a tronar.
- ¿Sí?
- Joven ObiJuan… Llegado el caso… No dejes que te controle la furia.
- De… de acuerdo. - ObiJuan estaba desconcertado.
- Coged esa botella de la vitrina y llenadla con agua de esta habitación. Os será útil durante el camino para reponer fuerzas. Y ahora, partid.
Así lo hicieron, cogieron la botella, fueron hasta una pared de la habitación, donde pequeños afluentes de agua corrían hacia fuera de la gruta, y llenaron la botella hasta arriba. Tras taparla y guardarla en uno de los grandes bolsillos de su cinturón, salieron de la gruta.
- Ralph… ¿Por qué al Viento y a la Fertilidad ?
- El viento esparcirá las semillas de las plantas. La fertilidad hará que los animales tengan descendencia. Es bastante lógico.
- Visto así…
- Vamos, no tenemos un segundo que perder.
Dicho esto, volvieron sobre sus pasos, andando más rápido que en el viaje de ida.

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Capítulo 8: Reencuentro

Cae la tarde.
No se han detenido ni un instante. Caminan sin parar, bebiendo un trago de agua cuando se cansan. Gracias a ello ya están cerca.
A lo lejos ya puede verse la montaña rodeada de humo. Detrás de la montaña debería extenderse Ciudad Arkania.
- Subiremos a la montaña y miraremos que hay tras ella. Espero que no haya muchas rocas sueltas… - Comentó Ralph.
Seguían andando entre tierras secas, matojos muertos y algunos restos de animales. Aún no era de noche, y decidieron sentarse un segundo, tenían tiempo de sobra.
- ¿Sabes, amigo mío? - Habló Ralph - Hace tiempo eras un magnífico espadachín.
- ¿Lo era?
- Sí, sí que lo eras. Tu habilidad con la espada era impresionante. Nadie te igualaba. Podíamos irnos de aventuras por todo el mundo, sabiendo que no nos pasaría nada. Tú siempre lo negabas, eras muy honesto. Pero yo estaba seguro de que contigo, nada podría derrotarnos.
ObiJuan se imaginó a sí mismo llevando a Ralph y luchando con suma destreza. Sintió una sensación extraña, “Esto lo he visto antes”, pensó.
- Espero seguir teniendo tanta habilidad como antes.
- Bueno, no creo que la hayas perdido. Aun así, deberíamos comprobarlo. Cuando lleguemos a Arkania, habrá que entrenarte. Lo necesitarás.
- Supongo, no sabemos que vamos a encontrarnos por el camino.
De pronto, un grito se oye a lo lejos. Ven una chica correr en dirección a la montaña, pero es tarde para alcanzarla. Nada la persigue, así que deciden ir a investigar qué le ha ocurrido, y se dirigen al lugar del que salió, detrás de un bosque de troncos muertos y destrozados.
- Esto no me gusta.
Echaron un vistazo al bosque. No parecía haber nada.
- ¿Te has dado cuenta de que era humana? - Cayó Ralph de pronto en la cuenta.
- ¡Es cierto! ¡Aún hay humanos! ¡Debemos llegar…! - Ralph cortó a ObiJuan.
- Silencio. No te has dado cuenta de nada.
- ¿Qué?
- Si eso era una humana, y algo la ha asustado, ahora ese algo también sabe que hay humanos… - dijo Ralph muy bajito, lo suficiente para que solo ellos dos pudieran oír.
- Y al correr en esa dirección, ¡deja descubierta la ciudad!
- Bingo. Hay que encontrar lo que quiera que fuese que ha asustado a esa chica.
- No tendréis que buscar mucho más. - Se alzó una oscura voz.
Delante de ellos, la oscuridad empieza a concentrarse en un solo punto. De ese punto surge una silueta muy familiar.
- ¡…! - ObiJuan de pronto se queda sin palabras.
Pronto la silueta se define. Los ojos de Ralph cambian radicalmente de expresión, ahora parece muy preocupado.
- Mierda. Nos ha descubierto. Precisamente él. Chico, ponte en guardia, que esto va a darnos trabajo…
- Ralph… cuánto tiempo. Veo que te acuerdas de mí. Bueno… lamento que nuestro reencuentro sea tan corto, pero no os puedo permitir que avancéis.
ObiJuan no da crédito a lo que ve. Ante él, hay un chico de ropas oscuras y muy mal aspecto. Pero al mirarlo fijamente se da cuenta de que ambos parecen sacados del mismo molde, son idénticos, aunque uno con peor aspecto, más oscuro, malvado.
- ¡Vaya!… Pero si es ObiJuan… parece que no me recuerdas… ¿Qué ocurre? ¿Cómo te sientes al verte a ti mismo sin necesidad de espejos?
Dicho esto, el extraño ser comenzó a reírse a carcajadas.

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Capítulo 9: Golpes en la oscuridad

- ¿Quién es este tipo? - ObiJuan no reaccionaba.
- Me llamo Silver… Silver Shadow.
Al oír ese nombre, una imagen de una bestia corriendo herida por el bosque cruzó la mente de ObiJuan. Entonces reaccionó. Su expresión se tornó seria.
- Soy tú mismo, tu otro yo. En otra época estábamos unidos, éramos uno solo. Aunque, aun así, tu eras el que predominaba… a mi me mantenías dormido, con mucha fuerza de voluntad… yo siempre quería salir, dominarlo todo, destruir… pero no… siempre tú, siempre el bueno… ya me cansé. Cuando encontré la oportunidad propicia, no dudé y aproveché la ocasión de salir. Lástima, pensaba que estabas muerto y que me ahorrarías este amargo trago…
- No creas que vas a salirte con la tuya, Silver. Vamos a volver a regenerar el mundo que tú destruiste, ese que nunca debiste ni siquiera tocar.
- No si puedo permitirlo… este mundo me gusta… caos… destrucción… si, me gusta… se que sigue habiendo por aquí cerca resquicios de vida, alguna ciudad quizá… ¿No sabréis por donde queda exactamente? Quiero divertirme un ratito más…
- Jamás te lo permitiré. No se de donde has salido, pero yo no soy como tú ni por asomo.
- Que no, dice. Por eso estamos separados, porque no cabíamos en el mismo cuerpo. Y ahora, no cabemos en el mismo mundo. Tú has de morir.
- ¿Ah sí? ¿Me vas a matar tú?
- ¿Lo dudas?
- Tú… ¡¿Y cuántos como tú?! - ObiJuan levantó a Ralph en posición de ataque y se lanzó a por Silver Shadow
- ¡Insolente!
- ¡Quieto, loco! ¡Dónde vas! - Ralph intentó advertir a su compañero. Pero ya era tarde, había comenzado a atacar. Intentó ser certero en sus ataques, pero su enemigo era bastante más rápido.
- ¡Je! ¿Con quién te crees que luchas?
- ¡ObiJuan, quieto! ¡Levántame hacia él!
ObiJuan detuvo el ataque y apuntó a Silver Shadow con Ralph, que lanzó un rayo ancho que chocó de lleno con el potente haz oscuro que su adversario lanzaba en ese instante.
- ¡No… puedo! - Ralph no pudo aguantar mucho tiempo y su ataque cesó, dejando que toda la energía oscura impactara contra ObiJuan, cayendo ambos al suelo, separados.
ObiJuan estaba aturdido, tumbado en el suelo, y no veía bien. Todo era borroso. Silver Shadow se acercó hasta él.
- Adieu , fuiste valiente, pero siempre fui más fuerte que tú…
En ese momento, un haz de energía luminosa, blanca como un rayo de luna, impactó contra el oscuro ser, que se tambaleó gritando de dolor y luego desapareció.
¿Ralph? No… él no había sido…
ObiJuan giró la cabeza en la dirección del rayo y vio una mujer, aunque no la pudo ver con claridad. En ese preciso instante cayó inconsciente. Solo pudo oír una voz femenina, muy tranquila y cálida, durante unos instantes, y tampoco fue capaz de entender con claridad qué dijo ella.
Simplemente, perdió el conocimiento.

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Capítulo 10: Sombras del pasado

Despierta. De nuevo en una cama.
Se siente un poco aturdido. Mira la ventana que le queda justo sobre la cabeza, pero sin moverse, solo levantando lentamente la mirada. El sol entra en todo su esplendor, bañándole en luz.
Alguien está junto a él. Abrazada a él. Sus cálidas manos se apoyaban sobre su torso desnudo, y su pecho se acomodaba en la espalda de él.
Volvió a mirar la ventana. Se sentía a gusto, querido, feliz. No le importaba otra cosa que no fuese su felicidad.
Entonces sintió que estoy ya había ocurrido antes. Con miedo, se giró para ver a la chica. Sabía que podría volver a pasar lo mismo que la otra vez. Podría volver el caos y la destrucción, y que llegara el fin de su felicidad de nuevo.
Pero esta vez no fue así.
Se giró y vio a la mujer. Era una chica joven, de pelo largo y negro, con un rostro precioso, que dormía plácidamente a su lado. La observó durante mucho rato. La acarició, la abrazó.
Y ella finalmente despertó.
Al hacerlo, desapareció delante de la atónita mirada de él, que comenzó a sudar, a ponerse nervioso, a no saber reaccionar.
Y entonces, de nuevo, el mundo se sumió en el caos.
Una bestia plateada sangrante corría por una colina. Corría entre los bosques. Era perseguida por todo el pueblo. La bestia llega arriba del monte y explota, matando a todos sus perseguidores, todas las plantas, todos los animales, toda la vida en el planeta.
Ya no puede soportarlo más… y abre los ojos.
Al despertarse, para su sorpresa, efectivamente está en una cama. Está solo. No tiene fuerzas para incorporarse. Mira a su alrededor. Por la ventana entra una luz brillante y cálida.
- ¿…El sol?
Mira a su alrededor. A su lado, en una silla, hay una chica rubia, que al oír hablar a ObiJuan le mira.
- ¡Vaya! Por fin despertaste.
- ¿Quién… eres tú? - ObiJuan estaba muy aturdido
- Soy Liz… llevas durmiendo días, Obi.
- ¿Dónde… está?
- ¿Donde está quién?
- Ella… Maya… ¿Dónde está?
- Ma… ¿Maya?
Liz se puso nerviosa y no sabía qué decir.
- ¿Te acuerdas de Maya?
- Claro que me acuerdo… Es mi chica, ¿Dónde está?
De nuevo Liz no sabía que contestar. Solo pensó:
- Parece que va recordando cosas… ¿Cómo le explico yo ahora que Maya está muerta?

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Capítulo 11: Buenas y malas noticias

Liz no conseguía hallar la respuesta. Una voz tronó desde la puerta de la habitación.
- Muerta.
Ambos se giraron hacia la puerta. Un hombre joven, alto, de pelo negro y buen aspecto físico, estaba de pie delante de la puerta, con la mirada seria hacia ObiJuan, que aún estaba demasiado dormido para comprender lo que el joven acababa de decir.
- … ¿Qué?
- Cuanto antes te sea explicado, mejor será para todos. Todo lo que ha ocurrido es debido a su muerte. Ella murió y tú no pudiste soportarlo.
- ¿Pero qué haces…?
- Liz, espera. No volverá a pasar. Ahora se han separado. Silver ya no está dentro de él.
- … Tu sabrás lo que haces, Dumue. Os dejo solos. - La chica se levantó y miró a ObiJuan con una cara alegre, intentando animarle. - No dejes que te afecte, intenta no pensar mucho en ello, ¿vale? - Antes de irse le besó una mejilla. Luego se dio la vuelta y se detuvo ante Dumue, que le dejó pasar. Cuando finalmente se hubo ido, el joven entró en la habitación, cogió la silla y se sentó más cerca de ObiJuan.
- Me llamo Dumue Lebrain. Algunos dicen que soy el más sabio de esta ciudad. Siempre lo negaré, ya que siempre hay algo de lo que aprender a diario. Tú buscas respuestas. Así que, pregunta.
- No entiendo nada.
- Maya murió, es lo único que debes entender ahora. Eso te dolió mucho, y explotaste, Silver Shadow quedó libre, y provocó la destrucción del mundo en el que vives.
- ¿Por qué sigo vivo?
- Todo ocurre por algo, nada es casualidad. Tu cometido es eliminar a Silver Shadow, hacer del mundo un lugar mejor. Sin miedo, ni destrucción.
- No puedo hacerlo solo. Me venció a mí y a Ralph… ¿Dónde está Ralph?
- Está en el santuario. Mira por la ventana.
ObiJuan se incorporó lentamente y miró a través de la ventana. El sol relucía sobre la ciudad. Y fuera de esta, el color verde inundaba campos y montes, los árboles volvían a poblar los bosques, y los ríos volvían a ser azules como el cielo, que también volvió a ser tan bello como antes. Los pájaros surcaban los cielos, y a lo lejos, algún animalillo corría por el campo. La vida había vuelto a la normalidad.
- Te recuerdo que llegasteis a Lago Verde y teníais una cita con el despertar de la vida. Tú estabas dormido, pero Ralph no. Hemos dado el primer paso. El mundo vuelve a ser el que era. Esto provoca dolor en Silver Shadow, y acabará refugiado en alguna montaña oscura, donde no pueda ver la alegría que el mundo desprende ahora.
ObiJuan seguía maravillado por la hermosa visión.
- Escucha, Obi. Yo te entrenaré. Seré tu maestro y tu compañero de viaje. Aprenderás a usar tus poderes plenamente. Recuerda que ahora es el mundo el que está en nuestras manos. No podemos fracasar.
- De acuerdo.
- No pienses en Maya. Ella… ya no está. No lo pienses más.
- No es fácil dejar de pensar en la persona con la que compartías una vida…
- Seguirán volviendo recuerdos a tu mente, y lo acabarás recordando todo, Obi. Ahora descansa. Y no pienses más en ella, solo pierdes el tiempo. Nos veremos luego, pequeño amigo.
Dicho esto, se levantó y se fue. ObiJuan se quedó sentado en la cama, con la mirada perdida. Estaba triste, a la vez que en estado de shock. Se acostó de nuevo. Y de tanto pensar, finalmente se durmió.

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Capítulo 12: El entrenamiento

Días más tarde, cuando ya estaba bastante mejor, Dumue volvió a la habitación.
- ¿Ya estás listo?
- ¿Listo?
- Vamos a comenzar con tu entrenamiento esta misma tarde.
- Uhm, creo que podré. Ya estoy mejor.
- Vas a entrenar sin Ralph. Debes aprender a valerte por ti solo.
- Pero Ralph es mi compañero…
- No hay peros que valgan. Yo soy tu entrenador.
- Está bien…
- Luego volveré a recogerte. Estate listo en un par de horas. Adiós.
- De acuerdo, hasta luego.
Después de un rato, Obi se levantó. Encontró unos ropajes que parecían cómodos en una silla y se los puso. Luego fue hacia la ventana, la abrió y contempló el bello paisaje.
Se sintió triste y solo.
La muerte de la persona a la que él tanto quería le había afectado mucho. Se negaba a creerlo. Ella no había muerto, seguía viva, podía sentirlo. Algo le decía que no estaba muerta.
Miró de nuevo al cielo. Se sentía tan solo…
Horas más tarde apareció Dumue.
- Hombre, si ya estás incluso levantado. Anda, venga, nos vamos. Sígueme.
Le siguió por un pasillo hasta unas escaleras, que bajaban al recibidor. Luego pasaron tres puertas hasta llegar a un amplio patio.
- No te lo he dicho, pero esta es mi casa. Liz, mi hija, te encontró en plena batalla y te auxilió. Fue valiente, pero tuvo mucha suerte de que Silver no la hubiese visto antes de tiempo. Si no, estaríais muertos ambos.
- ¿Quién es realmente Silver Shadow?
- Eres tu mismo… Tu lado oscuro se separó de ti. Erais demasiado grandes para un solo cuerpo. No pudo matarte, y ahora lo va a intentar por todos los medios. Eso es lo que tenemos que evitar. Comencemos.
Desde un pasillo cuyas ventanas daban al patio, Liz y Ralph observaban los entrenamientos.
- Le espera un largo camino hasta poder vencer a Silver… Necesita toda la ayuda que podamos prestarle, Liz.
- Ya… lo sé. Si no lo consigue…
- No pienses en ello. Es fuerte. Lo conseguirá. Solo necesita nuestra ayuda. Ahora más que nunca, ahora que sabe lo de Maya…
- Sí…
- Se siente solo, y eso le hace débil.
- Habrá que evitar que se sienta solo.
- Cuidado con lo que haces, que te veo venir.
- No he dicho nada…
- Pero lo has pensado, que te conozco.
- ¡No he pensado nada!
- Ya…
Y se hizo un silencio. Los dos siguieron contemplando como Dumue le daba clases de esgrima a un torpe ObiJuan, que poco a poco, iba recuperando agilidad.

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Capítulo 13: Fuego en la oscura cueva

Han pasado varios días.
Liz pasea una mañana por uno de los pasillos superiores de la casa. Es una mañana gris, nublada, triste. Se asoma al cuarto de ObiJuan y está vacío. “Ya está entrenando otra vez, este chico no descansa”, piensa. Sigue andando. Por las ventanas de la izquierda puede ver el patio interior. Efectivamente, está entrenando. Dumue está a su lado, enseñándole. Desde tan alto no se oye la conversación.
Vuelve la vista al pasillo y sigue andando. Cuando va por la mitad del pasillo, de pronto al final del mismo se oye una explosión y la pared que da al patio interior se rompe, cayendo la chica al suelo del susto. Cuando se recupera y ve el agujero que ha quedado, corre a él, asustada, y mira a su padre y a ObiJuan.
Dumue está enfadado, pero no mira al cielo como buscando un responsable. Se dirige a su discípulo, en un tono bastante duro. Éste le contesta como puede.
- ¡Idiota! ¡Te dije que aprendieras a acumular tu energía en la mano, no que la lanzaras a quemarropa!
- ¿Y qué quieres que haga? ¡No nací sabiendo!
- ¡Pues al menos apunta para otro lado! ¡Casi matas a Liz, estúpido!
ObiJuan miró el boquete que había hecho y vio la cara asomada de Liz, asustada aún por el impacto.
- Oh… - Obi bajó la cabeza y dejó de protestar. Ante la atónita mirada de Dumue, el chico salió del patio con la cabeza gacha, sin oír lo que su maestro le decía.
- ¡Eh! ¿Dónde vas? ¡Vuelve y continúa tu entrenamiento! ¡Si ante cada imprevisto vas a dejar de luchar, no llegarás nunca a ninguna parte!
No hubo respuesta. ObiJuan desapareció por el pasillo.
- Muy bien. Fin del entrenamiento por hoy.

*****

- Maldita sea.
En una caverna oscura y alejada, una oscura y triste figura bajaba una empinada escalera hacia lo más profundo de la cueva.
- Con lo cerca que lo tenía…
Se detuvo. Había llegado ya donde quería. Era una habitación circular, de piedra, alumbrada tristemente por una tenue luz verde que emitían unas piedras de cristal luminosas colocadas alrededor de la habitación. En el centro, una silueta femenina le esperaba.
- He fallado. Ha aparecido una chica.
- ¿Una chica? ¿Qué chica?
- No se quién era, pero me pilló desprevenido.
- Eso no es bueno… ¿Qué harás ahora?
- Le conozco… porque he vivido con él mucho tiempo. Sé cómo está ahora mismo… Y ahora es el momento de que tú entres en acción y le desestabilices moralmente… Eso, y que aun sigue débil, me dará una oportunidad extraordinaria para atacar…
- Gran idea… ¿Cuál es tu plan?
- Ve… aparece con mucha naturalidad… ya me encargaré yo del resto, estaré al acecho…
- Como tú digas… Parto enseguida.
- ¿Enseguida? ¿No te quedas a recibirme…?
- Oh… claro que sí… - Dijo ella y sonrió mientras él se le acercaba lentamente.
Cuando estuvieron tan cerca que podían oír los latidos del corazón del otro, decidieron que el plan podía esperar hasta la mañana siguiente. Tenían asuntos más importantes que atender.

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Capítulo 14: Un mal presentimiento

ObiJuan pasó todo el día sin ver a nadie, encerrado en su habitación. Ni siquiera comió. Liz le dejó la bandeja de comida delante de la puerta a la hora del almuerzo, y se la encontró a la hora de la cena allí todavía.

Dumue preguntó a Ralph.

- ¿Qué debo hacer? Tú le conoces mejor que yo.
- Déjale, se le pasará. Es terco. Mañana estará mejor, después de dormir durante toda la noche.

Así fue. A la mañana siguiente, ObiJuan se levantó y abrió la puerta de su habitación para salir. Justamente allí estaba Liz, que le traía el desayuno. Los dos se quedaron asombrados, no se esperaban el uno al otro.

- Buenos días, ¿Qué tal estas?
- Eh… bien… gracias… oye… yo…
- Tranquilo, no fue nada.
- Lo siento…
- Venga hombre, anima esa cara, no lo hiciste queriendo.
- Pero casi te doy…
- Pero no me diste, no pienses en eso. Sigue entrenando duro, ¿vale?
- … Está bien.
- ¡Así me gusta! Ahora, desayuna, que tienes que estar hambriento.
- Sí, algo de hambre si que tengo… Gracias.

ObiJuan cogió la bandeja y entró a su habitación para dejarla en la mesa. Liz le siguió.

- ¿Necesitas algo más?
- Oh, no te preocupes, estoy bien. Solo fue un bajoncillo, a todos nos pasa de vez en cuando.
- Sí… a todos… – Las palabras de Liz reflejaron un poco de tristeza. – Bueno, si alguna vez necesitas hablar con alguien, ya sabes a quién acudir.
- Gracias Liz.
- Te dejo, ¡Que aproveche! – Dicho esto, se fue y cerró la puerta.

ObiJuan terminó de desayunar. Se levantó y fue hacia la ventana. Contempló la ciudad, mientras despertaba, los habitantes empezando a salir al mercado, que había abierto hacía apenas unos minutos. El cielo estaba azul y parecía que iba a hacer un buen día.

- Bueno… ¿Qué? – ObiJuan se sobresaltó, no se había dado cuenta de que alguien había entrado. Era Dumue. - ¿Estas mejor? ¿Podemos continuar?
- Sí… Sí, claro, vamos.
- Tranquilo. Vamos a mejorar esa puntería. Concéntrate en tu entrenamiento y en mejorar, verás que pronto recuperas tus habilidades.
- De acuerdo.
- Vamos holgazán, sepárate de esa ventana. Te quiero abajo en cinco minutos.
- Allí estaré.

Dumue se fue y cerró la puerta. Obi volvió a mirar por la ventana. Sí… el día se presentaba amable y tranquilo… pero había algo que no le terminaba de convencer de que fuese a ser así.

Demasiado tranquilo para ser cierto.

Fue un entrenamiento bastante suave. Dumue no quiso meterle mucha presión a ObiJuan, para que no volviese a ocurrir lo del día anterior. Se dedicó a mejorar su precisión con Ralph, y a concentrar su energía.

A medio día, Dumue puso fin al entrenamiento.

- Esta tarde tengo una reunión muy importante, así que dejaremos el entrenamiento por hoy. Tú mientras puedes salir a dar una vuelta por la ciudad, que te estas asentando y eso no puede ser: ¡Sal! ¡Respira un poco de aire!
- De acuerdo, de acuerdo, saldré un rato.
- Bien, entonces te veré por la noche. ¡Hasta luego!
- Hasta la noche, Dumue.

Cuando Obi se perdió por el pasillo, Liz llegó al patio interior y vio a su padre de pie, mirando el pasillo por el que su aprendiz acababa de marcharse, con la mirada perdida.

- ¿Qué ocurre, padre?
- Tengo un mal presentimiento… Ten vigilado a Obi.
- ¿Qué crees que puede ser?
- Nada bueno…

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Capítulo 15: Paseo por Arkania

Un rato antes de salir, ObiJuan estaba echado sobre su cama pensativo. Entonces llamaron a la puerta.

- ¡Adelante!

Liz entró en la habitación. Llevaba puesto un bello vestido azul y blanco.

- Hola Liz. – Sonrió ObiJuan.
- Hola Obi. – Liz estaba sonrojada. - ¿Te… apetece que salgamos a dar una vuelta?
- Iba a salir yo solo, pero con tan buena compañía, prefiero salir acompañado – Contestó cortésmente ObiJuan. Liz se puso aún más roja.
- Gra… gracias. – Titubeó.
- Cuando tu digas nos vamos.
- Ah… vale. Te espero abajo dentro de… 10 minutos.
- Allí estaré.
- Hasta ahora. – Salió cerrando suavemente la puerta. ObiJuan sonrió un momento y volvió a sumirse en sus pensamientos.

Más tarde, andando por la ciudad, Liz y ObiJuan pasaron una entretenida tarde, mirando las tiendas, asombrándose con los mercaderes ambulantes, disfrutando de las maravillas que ciudad Arkania poseía.

Mientras paseaban por una plaza llena de gente, distraídos y riendo, ObiJuan vio alguien que le llamó la atención. Una figura familiar. Cabello largo negro. Bello rostro. Cuerpo delgado.

La expresión del chico cambió. Tenía frente a él a Maya.

Liz se dio cuenta de que algo le pasaba a su amigo. Entonces fue cuando ella también la vio.

- Vámonos. – Liz agarró por un brazo a Obi.
- No. Espera. Es…
- No, vámonos.
- ¡Es Maya!
- ¡No, no es…! – Demasiado tarde, Obi ya se había liberado de las manos de Liz y había salido corriendo hacia Maya.

La joven se giró hacia ObiJuan. No cabía duda. Era ella.

- ¿Obi? – Dijo mientras se alegraba de verle.
- ¡Maya! ¿Dónde te habías metido? Me dijeron que habías muerto.

Liz contemplaba con cierta tristeza como se abrazaban. Ella no podía ser Maya, estaba muerta.

- Aquí estoy… estaba preocupada por ti, no sabía qué había pasado… Tuve tanto miedo…

No… No era Maya… Ella la conocía bien, y esa no era Maya. Tenía que sacar a Obi de ahí.

- Estoy en… – Liz no le dejó seguir.
- Hola Maya, ¿Qué tal?
- Hola Liz… Bien. Muy bien. – Maya cambió la cara al ver a Liz. – Perdonad, pero, debo irme. Nos volveremos a ver, mi vida.
- ¿Dónde puedo buscarte?

Maya se acercó a Obi, con intención de que Liz no oyera. Pero sí que pudo oírlo.

- Mañana, a las 11 de la noche, en el parque, junto al lago… En nuestro sitio favorito… ¿Recuerdas?

Una imagen de ese rincón pasó por la cabeza de Obi en ese momento.

- Sí… lo recuerdo…
- Allí te espero mañana por la noche… Te quiero.
- Y yo a ti. – Tras decir esto, se besaron. Liz sintió un escalofrío por la espalda, y un extraño sentimiento de odio.
- Adiós. – Y Maya se fue. Cuando estuvo bien lejos, Liz dijo a ObiJuan:
- Si yo fuera tú, no iría mañana a esa cita.
- ¿Estabas espiando? Liz, pienso ir. La chica a la que amo resulta que no está muerta.
- No traerá nada bueno… Volvamos a casa.
- Esta bien, volvamos.

No se hablaron durante todo el camino. Él estaba feliz. Ella, preocupada, a la vez que negándose a sí misma estar celosa.

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Capítulo 16: Malos recuerdos

Esa noche, ObiJuan cayó en un sueño intranquilo.

Una noche más, se vio a sí mismo, esta vez en el suelo, gritando de dolor. Una fea herida en el pecho sangraba. Pero le daba igual, no era ese el motivo de sus gritos.

En sus brazos reposaba el cuerpo sin vida de una chica muy bella. ObiJuan lloraba desconsoladamente al contemplar a la hermosa mujer.

Su cara, manchada con la sangre del pecho de ObiJuan que la abrazaba una y otra vez, le era muy familiar. Era, sin duda alguna, Maya.

Alzó la vista y vio dos figuras, una era idéntica a ObiJuan, pero a su vez era oscura, siniestra, flotando delante de él y riéndose con risa diabólica, y otra exactamente igual que la chica que Obi tenía en sus brazos, pero con la misma oscuridad que rodeaba a Silver.

Esta no reía. Miraba el cuerpo sin vida de su otra mitad y a su amante llorando amargamente. De pronto, comenzó a caminar hacia él. Silver Shadow dejó de reirse y miró atónito como la chica fue avanzando lentamente. Una vez estuvo frente a ObiJuan, se agachó para estar a su misma altura, y le dijo:

- No ha muerto… sigue en tu corazón… suficiente para hacer que vuelva a vivir…

ObiJuan miró a la cara a la Maya oscura, y esta le puso la mano en el pecho. De pronto, una cegadora luz inundó la zona, hasta ahora cubierta por fuego y devastación. Cuando la luz cesó, ObiJuan ya no tenía un cuerpo entre sus brazos. Su amada Maya se encontraba delante de él, había vuelto a la vida.

- Recuerda lo que has visto en este sueño…
- ¡Basta! – Silver Shadow, con un golpe seco de muñeca, envió una gran bola de energía que mató a Maya en el acto.
- ¡No! – ObiJuan volvía a desesperarse.

Y entonces, en su desesperación, su cuerpo sufrió una transformación. Se convirtió en lobo, en un animal salvaje y malherido, que solo le quedaba la opción de correr y alejarse de allí.

Y, de nuevo con una explosión sobre la montaña, ObiJuan despertaba de un sueño que le refrescó la memoria.

- Realmente está muerta… ahora lo recuerdo… la mató él…

Dicho lo cual se tumbó y se volvió a dormir, esta vez algo más tranquilo.

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Capítulo 17: Discusión de hombre a espada.

Al día siguiente, tras el entrenamiento de la tarde, ObiJuan subió a su habitación. Allí, en una silla apoyado, le esperaba Ralph.

- ¿Haces algo esta noche, guapetón? – Le dijo muy serio.

ObiJuan no se lo tomó tan en serio, y se reia mientras contestaba:

- Lo siento, pero ya tengo planes.
- Ah… una cita, ¿Ya me abandonas por otra?
- Vamos Ralph, no seas así. Compréndelo. Lo nuestro es imposible. Eres una espada – ObiJuan se reía aun más.
- No debes ir esta noche a esa cita. – Le dijo aún más serio.
- ¿En serio estás celoso? – Obi se rió una vez más – No me esperaba esto de ti, viejo amigo.
- Fuera bromas, esto es muy serio. No te traerá nada bueno ir esta noche al lago.
- Sé lo que hago, Ralph.
- No, no lo sabes. Estás cegado por el amor.
- ¿Qué sabrás tú?
- Soy bastante más sabio que tú, que yo sepa.
- Oh, ¡Arrodillaos ante la espada sabia!
- Estás empezando a resultarme insoportable…
- Ralph. Te pongas como te pongas, pienso ir esta noche al lago.
- ¿No comprendes que Maya está muerta? ¡Es una trampa!
- No está muerta, te lo aseguro.
- ¡Esa no era ella!
- ¡Sí que lo era!
- Te repito que te estás metiendo en la boca del lobo, es una trampa.
- Y yo te repito que sé perfectamente lo que hago.
- Discutir contigo es imposible…
- Lo sé.
- Piénsalo bien, Obi… es una trampa. Sabes que lo es.
- No lo sabré hasta que vaya a comprobarlo.
- No puedo permitirte que lo hagas… ¿Quién salvará nuestro mundo si consiguen matarte?
- Tranquilo… no está en mi lista de planes futuros el morir.
- Obi… no puedo permitirte que salgas de esta habitación. Lo siento. – Dicho esto, la espada lanzó un rayo a la puerta, que quedó sellada. ObiJuan intentó abrirla, en vano.
- ¿Qué haces? ¿Quieres abrir la puerta?
- Lo siento, pero no debo.
- Escúchame, ya está bien de juegos, ¡Abre ahora mismo!

Detrás de ObiJuan, la puerta se abrió y apareció Dumue.

- ¿Y se puede saber para qué?
- Para salir, obviamente.
- ¿Y se puede saber a dónde?
- A… dar una vuelta – mintió ObiJuan.
- Que así sea. – Y Dumue se apartó de la puerta. ObiJuan lanzó una última mirada furiosa a Ralph, y se fue.
- ¿Qué estas haciendo, Dumue? ¡No te entiendo!
- ¿Piensas las cosas antes de hacerlas? ¿No ves que se estaba enfureciendo?
- ¿Y qué si así es?
- Eso es precisamente lo que quiere Silver de él. Quiere que se enfurezca, para que su poder sea mayor, y para poder fusionarse de nuevo con él. Juntos, y con Silver dominándole, el mundo está perdido.
- ¡Pero no debe ir esta noche al lago!
- Déjalo ir… No te preocupes por él. Estará bien cuidado.

ObiJuan volvió a la habitación. Con tono desafiante, se dirigió hacia Ralph y le dijo:

- ¿Quieres ver como sí que es Maya? Estaré encantado de demostrártelo. Te vienes conmigo.

Dumue hizo un gesto a Ralph, levantando una ceja y sonriendo, y acto seguido se despidió de ambos y abandonó la habitación.

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Capítulo 18: Amor en la oscuridad

Con Ralph en la cintura, ObiJuan se dirigió con tranquilidad hacia el lago. Ninguno de los dos abrió la boca durante el camino.

De lejos, pero sin perderlos de vista, Dumue y Liz seguían al joven y su espada.

Tras un rato de caminata, ObiJuan llegó a un lugar tenuemente iluminado por la luz de la luna. Un lago enorme se extendía a escasos metros de él, bajando una cuesta de hierba. A su izquierda, había un sauce enorme, cuyas raices llegaban hasta abajo de la cuesta, dejando un hueco circular entre ellas perfecto para tumbarse a contemplar la belleza de la noche.

Al acercarse al árbol, una figura femenina se levantó de su descanso en las raíces del sauce.

- Te esperaba… finalmente has venido.
- Por supuesto… te echaba tanto de menos…

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, se abrazaron fuertemente. Luego ella cogió su cara, acarició su rostro, y se acercó aún más, hasta besarle.

- ¿Dónde has estado?
- No me moví de aquí…
- ¿Qué ha pasado? Todo lo que puedo recordar es una explosión, destrucción, muerte… y luego despertar ante un mundo desolado…
- Ya pasó todo…
- No, no pasó, sigue estando por ahí Silver Shadow, sigue queriendo destruir el mundo.
- No nos hará daño. Ahora estamos juntos.

ObiJuan admiró la cara de su amada entre sus manos. En ese momento, recordó su sueño, y comprendió que había recuperado la memoria gracias a él.

- ¿Qué ocurre?

ObiJuan se separó de Maya y desenvainó a Ralph, y apuntó con su espada a la chica.

- Ralph, amigo… tenías razón.
- ¿Qué? – Maya no entendía nada.
- Tú no eres Maya. ¿Quién eres? – Preguntó seriamente el chico.
- ¿Cómo que no soy Maya? ¡Obi! ¡Soy yo! ¿Por qué no me reconoces? – La joven tartamudeó antes de poder hablar.
- Porque Maya murió en mis brazos… ¡la mató él!
- ¿Qué estas diciendo? – Maya estaba muy sorprendida. - ¡Yo soy Maya! ¡Soy aquella persona a quien amaste antes de que todo sucediera, soy yo!
- ¡¡Mientes!! – Y alzó la mano izquierda, de la que lanzó un rayo de energía que empujó a la chica al suelo.

Una figura oscura apareció sobre ellos, flotando en el aire.

- Enternecedor… Qué bonito es el amor.
- ¡Tú!
- Vamos, te ha engañado, ¡Mátala! ¿No es lo que quieres? ¡No es Maya, claro que no!

ObiJuan frunció el ceño sin dejar de mirar a Silver.

- ¿Qué estás diciendo, Silver? – tartamudeó ella - ¿Que me mate?
- Si… ya no me sirves, y menos ahora que te has delatado tu solita, estúpida…

La chica se llevó las manos a la boca.

- Entonces es cierto que me has engañado…
- ¡Vamos! ¡Mátala!
- ¡Cállate! – ObiJuan lanzó una bola de energía enorme contra Silver, que casi no consigue esquivarla.
- Eso es… ya es suficiente…

Un circulo negro apareció detrás de ObiJuan y comenzó a crecer.

- ¡No! – Dumue saltó desde detrás del sauce y apartó a ObiJuan de un empujón, haciendo que Ralph cayera al suelo, unos metros más alejado del chico.
- El que faltaba. Cuánto tiempo sin vernos… “Maestro”
- No eres digno de llamarte discípulo mio, Silver. Yo entrené a Obi, no a ti.
- Qué más da eso… no conseguirás detenerme ahora. Y como te has empeñado, serás el primero en morir…
- ¡Eso lo veremos! – De las manos del sabio salieron rayos amarillos directamente hacia la figura oscura, aun flotante en el aire, que desvió los rayos de un golpe con la mano.
- No me hacen ni cosquillas. – Silver lanzó una bola de energía negra contra Dumue, que esquivó de un salto. – No podrás evitar que me fusione de nuevo con él, y entonces, ¡el mundo será mio de nuevo!
- ¡No te lo permitiré! – Dumue saltó hacia su adversario con el puño cargado y brillando, mientras que Silver se dirigía a él de la misma forma pero con el puño cargado de oscuridad. Ambos impactaron y salieron disparados en direcciones opuestas.

Dumue chocó contra el sauce y cayó inconsciente a sus raíces. Silver cayó directamente al agua.

Mientras, ObiJuan estaba de pie, delante de Maya, que estaba tendida en el suelo.

- Tienes que creerme… me ha utilizado…
- No eres quien yo pensaba que eras… me has engañado, me has utilizado tú a mi para que él pudiera conseguir su objetivo.
- De acuerdo, no soy Maya… No la que tú conocías… Soy igual que Silver, soy el lado oscuro de Maya…
- Lo sé. Te he visto, en mis sueños. Por eso he venido realmente.
- Ella no está muerta…
- Eso mismo dices en mi sueño…
- Sigue viva en el fondo de tu corazón… ¡Puedes transformarme en ella! ¡Con tu amor puedes revivirla!

Pero justo antes de que Maya pudiese absorber el amor que ObiJuan sentía, Silver emergió del lago.

- ¡Basta de charla! – Dijo y empujó a Obi al agujero oscuro, ahora bien abierto – Hablas demasiado… y no pienso permitir que eso ocurra.
- ¡No! ¡Déjala! – Silver volvió a empujar a Obi, que cayó al agujero viendo como su enemigo mataba a la única persona que le podía devolver a su amada.
- ¡¡No!! – Lloraba desconsoladamente mientras veía la muerte de su última posibilidad de volver a ver a Maya. Fue absorbido con tanta fuerza que no pudo hacer nada por evitarlo. Lo último que vio fue a Liz atacando a Silver con una de sus flechas, haciendo que este desapareciera una vez más en el aire, y luego a la chica corriendo hacia el agujero negro gritando, pero no pudo llegar a tiempo.

El agujero de oscuridad se cerró delante de ella.

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Capítulo 19: Desaparecido en combate

- ¡Obi! ¡No! – Liz cayó de rodillas justo en el lugar donde se había cerrado el agujero de oscuridad.

La luna iluminaba la escena. Dumue se despertaba del golpe contra el sauce, Ralph aún gemía aturdido por la caída, y Maya oscura yacía en el suelo, aún con vida.

Liz se quedó de rodillas, tapandose la cara con las manos, para que no la vieran llorar. Tras un momento, se dio cuenta de que Maya aún seguía viva, y corrió hacia ella con furia.

- ¡Tú! ¡Todo esto es culpa tuya!
- No… espera… él me obligó…
- ¡Excusas! – Liz la cogió por el cuello de la camisa, ensangrentada debido al mortal ataque de Silver. – Si no hubieses aparecido, ¡esto no estaría pasando!
- Me utilizó a su antojo… Yo…
- ¡No te creo! – Liz zarandeaba a Maya con más furia cada vez.
- Cuídale…
- ¿Qué?
- Sé que tú le quieres… solo hay que mirarte esos ojos llorosos…

Liz se quedó sin palabras y dos lagrimas brillaron bajo la luz de la luna mientras bajaban recorriendo su rostro.

- Sé que podrás darle la felicidad que se merece… Cuídale, lo necesita…

Dicho esto, cerró los ojos y murió. Liz la soltó en el suelo suavemente y lloró en silencio. Dumue se acercó a su hija.

- Le encontraremos, Liz…
- Déjame sola…

Liz se levantó y se fue, ante la triste mirada de su padre. Este miró a Maya un segundo, la cogió en brazos y fue a recoger a Ralph.

- ¿Qué ha pasado…?
- Se lo ha llevado.
- Oh, no… te dije que no debíamos dejarlo ir…
- No hay tiempo para lamentaciones… Nuestra prioridad es encontrarle.
- De acuerdo… ¿Y Maya?
- Silver la utilizó para atraer a Obi. Cuando le tuvo donde quería, la mató.
- No se por qué pero no me extraña… Él no siente, nunca siente alegría, ni tristeza… solo se mueve por sus objetivos, y se excita al conseguirlos… Eso le hace sentirse bien y con ganas de más…
- Él es así…
- ¿Cómo encontraremos a ObiJuan?
- Quizá debamos hablar con los muertos para saberlo… – Ambos miraron el cuerpo sin vida que portaba Dumue, y callaron durante todo el camino de regreso a casa.

*****

- Maldita cría.

Una vez más, la oscura figura bajaba la escalinata hasta su cueva. Pero esta vez, nadie había allí para recibirle.

Se movía con dificultad y con una mano en la barriga, donde le había impactado la flecha. Su herida no era grave, sin embargo, las flechas de luz eran muy efectivas contra él.

Cuando llegó a la sala redonda de piedra, se dejó caer cuidadosamente sobre la extraña cama rocosa. Pensó un momento, y luego alzó la mano y atrajo un tarro con un líquido verde en su interior.

- Está asqueroso… pero en fin.

Tras beberlo, la herida se curó instantáneamente.

- Mucho mejor… ahora, veamos a nuestra presa.

Se levantó y fue al otro lado de la habitación. Allí había una fuente de agua oscura, a la cual añadió una gota de un líquido rojo. Tras una pequeña explosión y mucho humo que se disipó rápidamente, se inclinó sobre la fuente y miró a través del agua.

- Mírale…aún no ha despertado… muy pronto, todo su poder será mio… y destruiré todo ese mundo feliz que tanto le gusta… idiota… – Calló un momento, luego prosiguió – Un cuerpo era demasiado pequeño para dos personas tan distintas… todos tienen su lado bueno y su lado malo, pero eramos demasiado diferentes… y estaba tan harto de ti como tú de mi… pero entonces no comprendía cuánto te necesitaba… pensé que mantendría mi poder, pero no… no fue así, tu te quedaste con una parte… Y ni siquiera matando a esa estúpida pude conseguir enfurecerte para poder volver a unirme contigo… Todo salió mal… Tú tuviste que revelarte, salir huyendo dolorido, hacerlo explotar todo… imbécil, casi me matas… Ahora, todo saldrá bien… Pronto tu poder será mio, y entonces nada ni nadie, ¡Ni siquiera tu amiguita con sus malditas flechas podrá detenerme!

Dicho esto, Silver se alejó de la fuente y se fue a la cama de piedra. Su plan había sido un éxito.

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA

Si has llegado hasta aquí, ¡gracias por leerme! Pronto empezaré a publicar la segunda temporada… ¡estate atent@!

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