Es probable que ya lo hayas notado.
Sales a la calle y hay ya cierto ambientillo. Huele… a quemado, pero es agradable. Es un olor a humo de chimenea. Es olor a castañas, un puesto cada dos o tres esquinas. Es un ambiente cálido en la ciudad, entre la gente que pasea, que va, que viene.
Pero seguro que lo primero que has notado es que hace frío.
En casa ya tienes que ponerte algo más de abrigo que un simple pantalón corto y una camiseta vieja, a no ser que tengas calefacción. A la calle tienes que salir con tres capas de ropa, además del abrigo. A las 7 ya es de noche, y hace frío.
No tienes ganas de salir de la cama por las mañanas, ni de salir de la ducha. Quieres estar calentito, tapado hasta los ojos, o con tu jersey favorito. O eso, o dar envidia al resto con tu calefacción… si sabes encenderla, claro…
Cuando sales a la calle y entras a un centro comercial, no quieres irte. No es que quieras comprar algo, es que dentro tienen la calefacción a tope. Te pasas horas mirando los DVDs a ver si entre que vas y vienes de un lado a otro de la estanteria, aparece como por arte de magia una oferta buenisima, que va a ser que no. Cuando te aburres, miras los videojuegos, y luego los libros. El orden puede variar según la proximidad de uno u otro elemento al primero que llegues.
El caso es que en la calle hace frío, y si abres la ventana de casa, también.
Es el mejor momento para pasar en compañía, con amigos de risas, con tu familia cerca de la chimenea, o abrazado a tu pareja. La cosa es estar acompañado. El frío se pasa mejor en compañía.
Y sí… además… en el ambiente se nota “un algo” que viene… está próximo… a punto de llegar… Y realmente, esta vez, tengo ganas de que llegue.
Así que abrígate, tápate, o aprende a encender tu calefacción… y procura no pillar un catarro.
Cuando el grajo vuela bajo,
¡hace un frío del carajo!